Cuentan que, en un pueblo de Andalucía, una mujer puso un puchero de
garbanzos con su tocino, con su careta, con su panceta veteada y su
chorizo.
El puchero, al cabo de las tres horas de gluglutear y media hora de
reposo estuvo listo para la cuchara y los comensales comenzaron a
degustarlo. Pocos segundos bastarían para que apareciera un garbanzo
negro y duro como las piedras. El comensal solo hizo que apartarlo y
seguir con su labor cucharera, pero unos pocos segundos mas tarde,
otro comensal se quejó de que un garbanzo duro le había hecho daño
en la muela y mostró el garbanzo negro al resto de comensales que a
su vez se mostraron indulgentes con la cocinera y obviaron el asunto
pero en los 15 minutos siguientes ningún comensal se libró, con
mayor o menor fortuna, de sufrir su garbanzo negro, algunos hasta
cuatro veces de manera que en el bol finalmente puesto en la mesa a tal efecto
habían cerca de dos docenas de garbanzos negros.
La anfitriona no sabía donde meterse, algunos comensales hasta se
dolían de las muelas. Basta decir que el puchero estaba bueno, pero
los garbanzos negros arruinaron la reputación de la anfitriona, las
muelas de los comensales e incluso la sobremesa.
Días mas tarde, los mismos comensales fueron invitados a degustar
otro puchero pero los comensales sabiendo que la anfitriona era de la
misma familia que la cocinera del “banquete” anterior,
declinaron la invitación.
Esta última anfitriona comento algo irritada que bastó con aparatar
los garbanzos negros para que el puchero se degustara igual de
suculento y criticó duramente el comportamiento de sus invitados,
tachando de descortesía la negativa a su invitación, puesto que ya
fuero apartados los garbanzos negros del saco de garbanzos y estos no
podrían de ninguna manera arruinar su guiso y realizó otra ronda
exploratoria para juntar invitados y consiguió que algunos acudieran
a su llamada.
Esta vez resulto aún peor, los garbanzos ya no eran negros pero
cometió un grave error al escatimar en los ingredientes y conseguir
un puchero soso y deslavazado, como sin sustancia
Los nuevos comensales estaban irritados, no bastó con apartar los
garbanzos malos y la razón fue que se escatimó en los
ingredientes para que el cocinero tuviera mejor sueldo.
Entre el grupo de amigos, alguno se erigió en juez y dictaminó :
¡Esto es lo que pasa en España con el gobierno del Partido
Popular!. Todos sorprendidos escucharon sin pestañear los siguientes
pensamientos del amigo erigido en juez : “ No basta con apartar a
los garbanzos negros si el cocinero roba. Cuando la cocinera era de
la casa, el puchero estaba bueno a pesar de los garbanzos negros y cuando nos quitamos los garbanzos negros, culpamos y
despedimos a la cocinera de la casa y pusimos un cocinero de fuera,
entonces la cosa fue a peores”
Mirad esta parábola trasladando los roles al Estado, al gobierno, a
la gente, al Partido Popular, y a las obras públicas y a los
constructores.
Veréis que panorama de actualidad se dibuja.
¡Espeluznante!
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